La búsqueda de experiencia, las bebidas más ligeras y la influencia de las redes sociales alteran los patrones de consumo y desafían los modelos tradicionales de los establecimientos
El comportamiento del consumidor en los establecimientos de alimentación fuera del hogar atraviesa transformaciones que ya aparecen en la rutina de los negocios. Los jóvenes de la llamada Generación Z, nacidos entre mediados de los años 1990 y comienzos de los 2010, llegan a los bares con expectativas diferentes: valoran la experiencia, el ambiente y la identidad del local tanto como el menú.
Ese cambio ocurre en un momento de mayor presión sobre el Rendimiento financiero del sector. Un relevamiento de Abrasel indica que el 23% de las empresas operó con pérdidas en enero, un aumento en relación con el 16% registrado en diciembre. En el mismo período, el porcentaje de negocios con ganancias retrocedió del 47% al 41%, mientras que el 36% se mantuvo en equilibrio.
La encuesta también muestra una caída en la facturación. Para el 57% de los empresarios, los ingresos de enero fueron menores que los de diciembre de 2025. Solo el 25% registró crecimiento, el 17% señaló estabilidad y el 1% afirmó no haber tenido operación en el período anterior.
En ese escenario, comprender los cambios en el comportamiento del público más joven se vuelve estratégico para mantener la competitividad y atraer nuevos clientes.
La experiencia gana peso en la elección del establecimiento
En Ponta Grossa (PR), el empresario Lucas Christiano Klas, del Boteco da Visconde, observa que el público más joven elige el bar con base en una lógica diferente a la adoptada por generaciones anteriores. Según él, la experiencia ofrecida por el establecimiento pasó a influir directamente en la decisión de visita.
“La Generación Z consume mucho más por la experiencia que solo por el producto. En el bar, eso aparece en la búsqueda de ambientes instagrameables, promociones creativas y momentos que puedan compartirse en las redes”, afirma.
Según el empresario, muchos clientes investigan el local antes incluso de salir de casa. Fotos, videos y comentarios publicados en las redes sociales ayudan a formar la expectativa sobre el ambiente y sobre los productos ofrecidos.
Ese comportamiento también interfiere directamente en los pedidos hechos en la barra. “Muchos llegan pidiendo bebidas que vieron en videos o en las stories. Eso hace que el bar piense en creaciones que dialoguen con ese universo digital”, explica.
Los jóvenes cambian el patrón de consumo de bebidas
Otra transformación perceptible está en el tipo de bebida que eligen los clientes más jóvenes. Según Klas, no hubo necesariamente una caída en el consumo de alcohol, sino un cambio en las preferencias.
“Los clientes más jóvenes tienden a cambiar las bebidas alcohólicas tradicionales por cócteles de autor, gin, caipiriñas diferenciadas y opciones con menor graduación alcohólica. No es que beban menos, beben diferente”, dice.
En ese contexto, las bebidas sin alcohol también pasaron a aparecer con más frecuencia en los pedidos. Aunque todavía representan una porción pequeña de las ventas, dejaron de ser algo ocasional.
“La demanda de cócteles sin alcohol aumentó. Todavía es una porción pequeña, pero se volvió una opción constante, sobre todo en grupos en los que no todos quieren consumir alcohol”, afirma el empresario.
La salud y los nuevos hábitos influyen en las elecciones
En otras regiones del país, el cambio de comportamiento también involucra factores relacionados con la salud y el estilo de vida. En Ribeirão Preto (SP), el empresario Nicolas Horta, propietario del bar O Português, notó cambios claros en el consumo en las mesas.
“Mesas que antes pedían dos o tres rondas de bebida hoy piden una, o a veces ninguna. El cliente sigue viniendo, sigue consumiendo, pero el ticket de bebida cayó de forma clara”, relata.
Según él, los clientes mencionan con más frecuencia tratamientos para adelgazar o la búsqueda de hábitos alimentarios más equilibrados.
“Es común que el cliente avise que está en tratamiento y que va a comer poco o no va a beber”, dice.
Ese cambio llevó al bar a revisar parte del menú. Conocido por sus porciones generosas, el establecimiento pasó a ofrecer opciones más pequeñas y platos más ligeros.
“Notamos que mucha gente dejaba comida en el plato o compartía una porción entre varias personas. Empezamos a ofrecer versiones más pequeñas y alternativas más ligeras”, explica.
La demanda de bebidas sin alcohol también creció en el local, lo que motivó la inclusión de una línea específica de cócteles en esa categoría.
La adaptación se vuelve un factor de competitividad
Para los empresarios del sector, los cambios en el comportamiento del consumidor no representan necesariamente una reducción del interés por los bares, sino una nueva forma de consumo. El público joven sigue frecuentando los establecimientos, pero con elecciones más selectivas y con mayor atención a la experiencia ofrecida.
En la evaluación de Nicolas Horta, esa tendencia tiende a consolidarse en los próximos años. “Las nuevas generaciones ya llegan con una relación diferente con el alcohol y con la comida, más conscientes y más selectivas. El establecimiento que no perciba eso puede seguir intentando vender lo que el cliente ya no quiere comprar”, afirma.
Ante ese escenario, el desafío para el sector de alimentación fuera del hogar pasa por equilibrar tradición e innovación. Mantener la identidad de los negocios y, al mismo tiempo, adaptar menús, ambientes y experiencias al comportamiento de las nuevas generaciones puede volverse decisivo para la relevancia de los establecimientos en el mercado.