Para muchos extranjeros, el emprendimiento gastronómico se volvió más que una simple fuente de ingresos; es un puente hacia una nueva vida y una nueva identidad en tierras extranjeras. Según datos recientes del Sebrae, Brasil alberga actualmente 74,2 mil Microemprendedores Individuales (MEI) de diversas nacionalidades, de los cuales el 4% actúa en el sector de alimentación fuera del hogar.
Para la presidenta del Consejo de Administración de Abrasel, Rosane Oliveira, el sector de alimentación fuera del hogar funciona como un catalizador de diversidad e inclusión al abrazar a extranjeros que desean emprender. “Al abrir las puertas a emprendedores de diversos orígenes, el sector enriquece su oferta gastronómica, además de promover una cultura de inclusión y aceptación, que es esencial para el desarrollo de comunidades conectadas” afirma Rosane.
“Aquí es crucial enfatizar el compromiso de Abrasel en simplificar la jornada del emprendedor, buscando volver la experiencia de los extranjeros lo más acogedora y accesible posible”, refuerza la presidenta.
Nuevos comienzos para refugiados
Myria Tokmaji y Billal Azizi son testigos de ese fenómeno. Refugiados de las guerras de Oriente Medio, los emprendedores encontraron en Brasil la posibilidad de recomenzar a través de la gastronomía.
La familia de Myria, por ejemplo, se mudó de Alepo, en Siria, país asolado por conflictos civiles, a Brasil. Fue en Curitiba (PR) donde encontraron no solo un refugio, sino también una oportunidad para un recomienzo.
En total, 17 miembros de la familia de Myria vinieron al país en 2013. Ella recuerda que, en aquella época, dejaron todo atrás en busca de una nueva vida. Al inicio, la familia enfrentó desafíos en suelo brasileño.
“Pronto percibimos que estábamos enfrentando nuevos desafíos: la integración al mercado de trabajo, el aprendizaje del idioma y la construcción de nuevas amistades. Cada aspecto del día a día se transformó en un gran desafío, cada detalle presentaba una nueva dificultad a ser superada” cuenta Myria.
Tras casi un año luchando para sobrevivir financieramente en Brasil, Zuka Khouri, madre de Myria, inició, tímidamente, la venta de esfihas para el vecindario y en ferias, emprendiendo un pequeño negocio. Así nació Yasmin Comida Árabe.
“Era una verdadera misión encontrar ferias y eventos donde mi madre pudiera trabajar, y nosotros, como familia, nos uníamos los fines de semana para apoyarla. Mi hermano, mi cuñada, mi padre – todos nosotros íbamos juntos con ella a las ferias. Los primeros años en Brasil no fueron fáciles” recuerda la emprendedora.
A pesar de los desafíos iniciales, la familia persistió en el emprendimiento. El gusto de los brasileños por la comida árabe comenzó a influir en los negocios de Myria y Zuka. Las emprendedoras comenzaron a servir comidas típicas de Alepo en fiestas, cenas y cafés. El negocio fue tomando forma y conquistando a los clientes. Actualmente, con el emprendimiento consolidado, platos como esfihas, bolitas de falafel, kibbeh y kafta forman parte del variado menú de entregas hechas por Yasmin Comida Árabe.
“La gastronomía desempeñó un papel crucial en nuestra jornada de adaptación y recomienzo, especialmente considerando nuestra dificultad con el idioma. La cocina nos sustenta y sirve como un puente para conectarnos con la cultura brasileña” refuerza Myria.
Para la familia, el emprendimiento gastronómico fue esencial para el recomienzo en un nuevo país. Además de proporcionar una fuente de ingresos, Yasmin Comida Árabe se convirtió en un eslabón cultural entre la tradición siria y la comunidad local.
La historia de Myria se asemeja a la de Billal Azizi. En entrevista para el Estado de Minas, el afgano cuenta que llegó a Brasil hace apenas ocho meses, al huir de Afganistán, tras ser tomado el país por el grupo terrorista Talibán. Ya en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, Billal y su familia comenzaron a vender comida afgana, por medio de delivery.
Inicialmente, él llegó a Brasil solo con su madre y su esposa, pero, la venida de Billal al país despertó el interés de los demás familiares en reconstruir su vida en otro lugar. Ahora, ya son ocho parientes que dejaron las tierras afganas y viven en la capital de Minas Gerais.
Billal Azizi relata que llegó a Brasil con una visa humanitaria, válida por 180 días, tras la caída del gobierno afgano y el ascenso del Talibán. Con la expiración de la visa, la familia tuvo aproximadamente 90 días para presentarse a la Policía Federal y finalizar el registro de la solicitud de refugio o residencia humanitaria.
En Afganistán, el emprendedor trabajaba con la venta de autos, además de ser activista político. Ya en Brasil, Billal Azizi vio en la gastronomía la oportunidad de recuperarse financieramente. Junto a su madre y su esposa, el afgano abrió la Cozinha do Azizi, en febrero de 2024. El menú de Azizi, cuenta con platos típicos de la cocina persa afgana, como el sándwich falafel, samosa – una empanada rellena de carne y vegetales – y kabab sina morgh, que es un pinchito de carne a la parrilla.
En entrevista al Estado de Minas, Azizic compartió que la motivación primordial detrás de la apertura de un nuevo emprendimiento fue no solo proveer sustento para su familia, sino también preservar su identidad y construir una nueva historia en tierras brasileñas.
Azizic y su familia unen sus ideas y colaboran en todas las etapas, desde la preparación de los platos hasta la gestión de los establecimientos. Ahora, el plan de ellos es inaugurar un espacio para recibir a los clientes en persona. Él enfatiza el deseo de compartir la hospitalidad y la generosidad que trajo consigo de Afganistán.